Un lector en la tripa (1)

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Hace ya 38 semanas que llevo un lector en la tripa, sí. Además de otras muchas cosas en mi vida, han cambiado la forma de ver y enfrentarme al mundo. Cómo me tomo ciertas cosas y cómo terminan o no afectándome. Durante estas 38 semanas he tenido tiempo de hacerme a la idea de que ya no soy solo yo. Que este pequeño dragón que vive —de momento— dentro de mí depende absolutamente de una servidora y quiero compartir con vosotros en esta columna mis inquietudes para con él.

Lo que más quiero en este mundo es un hijo feliz. Es cierto que tengo mis expectativas, pero lo que más me importa es simplemente su felicidad. Reconozco abiertamente que preferiría un niño lector que uno fiestero. Es un sueño pensar en un futuro próximo y vernos a los dos sentados una tarde leyendo. Sin más. Solo juntos, leyendo. ¿Es tanto pedir? Quizá si, quizá no. Todos los que leéis esto además de amantes de la lectura tenéis un punto cotilla, admitámoslo. Y lo digo sin un ápice de maldad, ¡eh! Yo también lo leería. La mayoría sois tan jóvenes que no os enfrentaréis a este dilema en breve, pero podéis ayudar a ese sobrino o primo que tenéis y no se acerca a un libro ni aunque le quiten la asignación.

¿Cómo hago que mi hijo lea? Este será uno de los motores de la columna. Mis experiencias como madre para hacer que mi retoño ame tanto la literatura como yo. Y puede que no sea un camino de rosas, y desde luego no será fácil, pero el premio merece la pena, os lo aseguro. Al fin y al cabo lleva el 50% de los genes de su padre —lo que complica esta tarea— pero lleva el mismo número de los míos, lo que debería darme una oportunidad, ¿no creéis?

El primer paso para que lea lo tomamos el feliz progenitor y yo, juntos. Cuando te enfrentas a la difícil tarea de ponerle nombre a un hijo piensas en todo tipo de cosas, en que tenga significado, que sea bonito y especial, que no se metan mucho en el cole y algo importante, no limitarle con su nombre. Si tienes un nombre normal puedes hacer lo que quieras, cuando tus padres van de modernos algunas veces eso pone trabas a tu futuro y aunque habían algunos nombres que resonaban muy fuerte para mí, decidí obviar algunos por demasiado… inolvidables.

El caso, de la lista de finalistas para el feliz papá resonaba muy fuerte uno, y no era mi favorito en un principio —por culpa de Susana Vallejo, principalmente—, pero terminó por enamorarme. Nuestro pequeñajo se llamará finalmente Ender, sí, como el personaje de Orson Scott Card. Si uno lee Madre de dragones —que ya os recomendé encarecidamente de S. Vallejo— es un poco cruel llamar Ender al enano, pero por otra parte, ¿qué puede crear más inquietud lectora que llevar el nombre de un personaje de ciencia ficción ochentero? ¡Como mínimo terminará leyendo El juego de Ender y el resto de la saga!

Resumiendo, el primer paso para que tu hijo sea lector es sin duda ponerle un nombre literario. ¿Ideas/propuestas?

En la próxima entrega continuaremos desarrollando los pasos para convertir a tu hijo en lector —y repito, sirve para tu hijo, tu prima, tu sobrino o tu vecina—. Según la cercanía con el retoño podrás o no seguir todos los pasos, ¡pero inténtalo!

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