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‘Juego y distracción’, sensual divertimento

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‘JUEGO Y DISTRACCIÓN’, SENSUAL DIVERTIMENTO

«Es la historia de cosas que nunca existieron, aunque el menor asomo de duda al respecto, la mínima posibilidad, lo sume todo en tinieblas. Sólo quiero que quien lea esto esté tan resignado como yo. Ya hay suficiente pasión en el mundo. Todo se estremece de pasión.»

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Las modas —o las tendencias, como prefiera el lector— sin duda son fiel reflejo del colectivo al que van dirigidas, y por tanto es éste, en última instancia, el que determina que sean lamentables, o por el contrario que favorezcan el desarrollo artístico e intelectual del sector (esto último casi no sucede). Así, como normalmente los destinatarios de esa “corriente en boga” es un público amplio, y por tanto aglutina el pensamiento convencional (menos exigente), estas modas suelen convertirse en filones para las empresas que las maquinan (en nuestro caso las editoriales), tendiendo a explotar al máximo ese producto, que por preparado y dirigido, va a conseguir un importante éxito en ventas. Es por ello la alarmante prostitución que ha sufrido y está sufriendo la literatura, olvidándose por completo de su verdadero cometido como medio de expresión (aspirante a la belleza compleja, como decía Oscar Wilde), orientada casi en exclusiva a la obtención de ganancias económicas y con autores que toman la escritura tan sólo como una profesión. Actualmente el mundo del libro sufre (remarco, sufre) la convulsión producida por la denominada “novela erótica”, iniciada como todo el mundo sabe por cierta sombría saga (igual que ocurrió hace unos años con otros géneros, que dieron lugar a incontables novelas clónicas, carentes de interés, y con total ausencia de originalidad y pretensión artística), y que ha propiciado otro aluvión de imitaciones y refritos, tal y como manda la industria.

 

Hago esta introducción porque desde el principio quisiera que quedara claro que la novela que voy a comentar poco tiene que ver con ese pseudogénero advenido hace tan poco. Porque la obra de James Salter (Nueva York, 1925) posee en sí misma una calidad literaria que, sinceramente, dudo mucho que posean todos los oportunistas que se han subido al carro de lo erótico (pese a las posibles interesantes excepciones, que también las habrá, supongo y espero). Juego y distracción (A sport and a pastime, 1967) supone la tercera novela del escritor estadounidense, cuya gran reciedumbre emana de una narración construida con la medida exacta para ofrecer al lector un viaje a la fantasía más elemental y básica del hombre, el amor sexual. Es, a fin de cuentas, una certera mirada a través de los atávicos instintos que determinan las relaciones humanas y todo aquello los impulsan y sustentan.

La novela posee ciertas peculiaridades dignas de reseñar, y que la hacen sumamente interesante. Escrita en presente, y a través de la imaginación de un narrador (la mayoría de las veces), su arquitectura escapa a cualquier tipo de pretensión comercial, con numerosas elusiones y elipsis, con frases cortas y escuetas, constituyendo una atmósfera en la que el lector poco avezado puede sentirse perdido o incluso sobrepasado. Lógicamente, esto no es gratuito; esta construcción narrativa atiende a la búsqueda de la elaboración de los trazos certeros para dibujar con precisión la ardiente y pasional relación de Philip y Anne-Marie, ofreciendo momentos y situaciones cercanas a lo edénico, casi se pueden sentir. El tratamiento de lo sexual y lo amoroso, de lo íntimo y lo imaginario, es sobrecogedor, propiciando en el afortunado lector una experiencia sensorial epatante, capaz de ofrecer, sin ataduras ni concesiones, un preciso retrato de las relaciones más primarias pero también de las más complejas, todo ello aunado con eficaz maestría en una novela absolutamente maravillosa.

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